viernes, 1 de abril de 2022

Fábula del porvenir

Un hombre dejó en herencia a sus tres hijos tres botellas del mejor vino de su tierra, el primero la bebió en solitario y consiguió recuperar, sorbo a sorbo, su propio pasado. El segundo la tomó en compañía y, al hacerlo, fue consciente de la fragilidad del presente. El tercero la dejó sin abrir porque intuía en su interior el vértigo del futuro.

El primer hijo consiguió ser un sabio, pero no encontró la felicidad, el segundo consiguió ser feliz pero no alcanzó la sabiduría. 

El tercero aún está mirando el porvenir.


 

viernes, 30 de julio de 2021

El vacío

Antes de morir, mamá me dijo que velaría mis sueños y, todas las noches, después de tomar un vaso de leche caliente, yo dormía muy feliz con su enorme retrato sobre mi cama. 

Todo fue bien hasta que conocí a Andrés a la salida de misa de doce. A mamá parecía no gustarle que Andrés se metiera en mi alcoba, y a él no le gustaba que mamá nos mirara cuando estábamos en la cama. Una noche Andrés descolgó el retrato de la pared, sacó a mamá del dormitorio y lo dejó en el pasillo, apoyado contra la puerta de la cocina. 

Mamá ya no nos miraba, pero el hueco que dejó en el papel pintado me hizo sentir un vacío en el estómago que pronto empecé a llenar con pasteles de nata y empanadas de carne. Al año y medio yo había engordado veintiséis kilos y Andrés se había marchado con una beata jovencita a la que conoció un Domingo de Pascua.

Mamá ha vuelto a ocupar su hueco encima de mi cama, pero el vacío que tengo en el estómago no se llena con nada, suerte que mamá siempre había guardado la ilusión de tener una niña gordita.


Publicado en Relats que alimenten
Justicia Alimentària València 

viernes, 14 de mayo de 2021

Pareidolia


El doctor dice que estoy mal de los nervios, que tengo una enfermedad obsesiva con un nombre griego muy raro, y que creo ver por todas partes caras humanas donde solo hay piedras y ventanas, pero a mí no me engañan. 

Yo sé que las dos torres de la casa de doña Emilia me miran fijamente cada atardecer, cuando regreso a casa desde la fraga, y no hay día en que la más alta no se sonría y me dé las buenas noches, pero también me habla la torre más bajita y me dice con amargura que está muy cansada, que no soporta más esta humedad y este aburrimiento.

Estoy deseando que vuelva doña Emilia y contárselo, aunque madre no quiere que me acerque por el pazo y el doctor me ha prohibido pasar delante de las dos torres por si me ocurre lo que al loco aquel de La Mancha y me lanzo contra ellas, cómo si yo no supiera que todo es un cuento y que los molinos no existen.


lunes, 26 de abril de 2021

Julia y el amor

Aquel día los relojes de Madrid corrieron veloces, como si la felicidad les diera cuerda. La tarde pasó como pasa un sueño. Por la noche supe que mi mundo había cambiado, que yo ya no era yo.

Empecé a vivir en medio de una sensación de irrealidad. Cada día iba a buscar a Julia a la facultad de Medicina. Ella bajaba las escaleras agarrada a una carpeta marrón. Yo la esperaba impaciente contando los escalones. Juntos descubrimos grandes cosas, como que los cielos de Madrid eran los mismos que aparecen en los cuadros del Prado y le daban a la ciudad un aire de irrealidad y a nosotros un soplo de ausencia.
Llegué a creerme que aquello era verdad.

Caminamos mucho, comimos bocadillos en las peores tascas de Madrid, visitamos a amigos que querían cambiar el mundo a golpes de periódicos ilegales y octavillas llamando a la insurrección. Yo los miraba como se mira a los niños la mañana de Reyes, y cada noche subía, y cada mañana bajaba, las escaleras de su piso en un eterno retorno mucho antes de saber qué era eso, antes de saber nada de nada.

Julia y el amor (Fragmento)

Finalista del Concurso de Relatos Cortos "Horizonte Republicano", Podem Castelló.

lunes, 1 de marzo de 2021

Eterno retorno


Cuando era adolescente había una tienda de ultramarinos en mi calle, su propietario era un chico del que estaba muy enamorada.

En la puerta había sacos de legumbres y, todas las mañanas, cuando volvía del colegio, metía la mano en el saco de lentejas y sacaba un puñado que luego guardaba, arrebatadamente, en un bote de cristal.

Esa acción me acercaba a aquel chico de una manera casi amorosa. 
Pero el tiempo todo lo puede, y yo acabé el colegio, y dejé de pasar por allí y de meter la mano en el saco de lentejas. Pero hace unos días volví a mi ciudad y pasé por esa calle donde aún estaba la tienda, aunque sin sacos a la puerta. 

Sin pensarlo entré y vi a un señor detrás del mostrador.
⎼ ¿Ya no tienen sacos de legumbres a la puerta? –Le pregunté.
⎼ Los tuve ⎼respondió sonriendo⎼ pero había una chiquilla que todas las mañanas me robaba un puñado de lentejas.
⎼ ¿Cada mañana? ¿Y por qué no le dijo nada?
⎼ Porque me gustaba mucho, pero quise esperar a que creciera… y un día desapareció.
⎼ Quizás ⎼dije temblando⎼ debería volver a sacar los sacos a la calle.

Puedes leerlo y oírlo aquí

sábado, 13 de febrero de 2021

Las betas. Microteatro


La asociación de creadores y artistas Palin ha publicado 'Tú y yo', antología de microteatro con los textos seleccionados del I Certamen Palin-Julio Navarro.
Entre estas obras está
Las beatas, una pieza sencilla y espero que graciosa que, aunque no lo pretendía, ha acabado tomando sentido en el contexto de esta situación que estamos viviendo y que de puro extraña no da lugar para una ficción creíble.


Ojalá que estas beatas puedan saltar un día del papel a un escenario.



lunes, 7 de diciembre de 2020

Reescribir Madrid

Volvió Galdós a Madrid, vio a mendigos dormir en las calles, encontró mil historias enredadas en las galerías del tren subterráneo, y se estremeció cuando vio huir de la policía a un grupo de africanos.


Volvió Galdós a Madrid, vio desahucios, y sirenas, y manifestaciones, y pintadas en los muros, y banderas de muchos colores. Vio tiendas enormes y restaurantes caros, y viajeros de todas las razas cargados de bolsas, y automóviles imposibles rodando por sus calles.


En una librería del centro vio su fotografía y la leyenda “Galdós es Madrid” y pensó que, de nuevo, tenía todo por escribir












Seleccionado en el XII Concurso de Microrrelatos Año Galdós


Bibliotecas Públicas Municipales de Madrid




El fantasma de la libertad

Benito inventó a Fortunata para poder soñar con ella, le creó un rostro gracioso, cabello moreno y un cuerpo de escándalo. Para hacerla más humana la situó en una corrala y le dio una vida miserable.

Cuando acabó de imaginarla fue a la corrala, preguntó por ella y la encontró, a medio camino de algún episodio, en las escaleras de madera. Llevaba un pañuelo en la cabeza y un mantón sobre los hombros. 

Galdós quedó impresionado por su obra, no supo qué decirle y, en un ataque de torpeza, le pidió matrimonio. Por suerte, Fortunata era una mujer sin ataduras. 


jueves, 19 de noviembre de 2020

Amor profundo


Cogí el Cercanías en Alcalá y la vi, era preciosa, pero lo que me llamó la atención fue que sus ojos no estaban pegados a un móvil, ni a una tablet ni a un ordenador.

Nuestras miradas se cruzaron por primera vez en Torrejón, y en Coslada quedó libre un asiento a su lado. En Vicálvaro, ―con el corazón martilleándome en el pecho― me atreví a hablarle y en Vallecas la invité a salir.

Cuando bajamos en Atocha nadie se había enterado de nada, solo un niño pequeño nos miraba, divertido, cuando nos besamos en el andén.

Seleccionado en el XIV Certamen de Relatos Cortos "El Tren y El Viaje” (Cercanías Renfe Madrid)


viernes, 25 de septiembre de 2020

La caja mágica

La cruz verde nunca se apaga, por las noches cubrimos las lámparas y abrimos el balcón, entonces nuestro salón se convierte en una caja mágica donde las luces verdes e intermitentes del luminoso de la farmacia de guardia transforman la casa. 

Lucía, mi hija, dice que allí nace el arco iris. Mi mujer explica, emocionada, que el salón es ahora el interior de una catedral gótica donde las vidrieras nos inundan de luz del medievo. Y el abuelo, que fue marinero, asegura que ese tono verdoso le recuerda una aurora boreal. 

Yo me hago el duro y les digo que solo es un luminoso… pero desde que estamos confinados, en cada parpadeo verdoso siento una tranquilidad que no puedo explicar.


Primer premio en el VI Concurso de Microrrelatos La farmacia de toda la vida 2020

viernes, 12 de junio de 2020

La carrera

Desde que empezó el confinamiento corro todas las mañanas en la cinta, ese aparato fue lo único que dejó mi exmujer cuando me abandonó y, aunque a mí nunca me gustó correr, empecé a hacerlo en un ejercicio de nostalgia un día en que las noticias eran tan malas que pensé en salir huyendo.


Todo se hubiera quedado en una rabieta si no hubiera descubierto a Lucía en una ventana del bloque de enfrente. Ella también corría en una cinta, mirando al exterior, en una carrera sin destino. Para verla mejor coloqué mi aparato enfrente y empecé a correr en su dirección.

Hace ya cuarenta días que Lucía y yo corremos, mirándonos a los ojos, en una carrera en la que nunca conseguimos alcanzarnos, pero cuando a las ocho de la tarde sale a aplaudir junto a su marido, nos miramos un instante, sonreímos… y no decimos nada.


Relatos de un confinamiento, Ayuntamiento de Utiel



domingo, 19 de abril de 2020

Certamen de relatos Pérez-Taybilí

EL ÚLTIMO COMBATE DE SANTIAGO SÁNCHEZ


Santiago Sánchez llegó a Toledo de madrugada.
Cuando aparcó junto al hotel y bajó de su coche la niebla cubría la carretera y, por prudencia o por superstición, no se atrevió a hacer rodar su maleta. Llamó al timbre y le pareció que, sin duda, aquella chicharra había despertado a todos los huéspedes. Tardó más de cinco minutos en encenderse una luz lejana, después se iluminó el recibidor y, al poco, apareció una mujer de mediana edad vestida con un pantalón azul oscuro y una camisa blanca.
̶ ¿Tiene reserva?
̶ Sí, les llamé esta tarde avisándoles que no podría llegar hasta las dos y media, soy Santiago Sánchez.
Al oír su nombre la mujer bajó la mirada y miró las manos del huésped buscando en ellas algo extraordinario, pero solo pudo ver unos dedos huesudos agarrados a una maleta de color azul.


II
El ruido del timbre sacó a Vero de un sueño demasiado intenso.
Había tardado mucho en dormirse y sintió que ya no iba a lograrlo en toda la noche. Se levantó y salió al balcón, llevaba puesto un salto de cama rojo que hacía juego con la decoración de la habitación y que nunca se había sentido con ánimo de llevar.
En el exterior la niebla lo cubría todo y el mundo entero parecía que había desaparecido. Encendió un cigarrillo, abrió una botella de whisky y pensó en que el paso que estaba dando cambiaría al fin su vida.


III
Cuando entró en la habitación lo primero que hizo Santiago fue encender el televisor. Después abrió su maleta y sacó una botella, buscó en el mueble bar, encontró un vaso de whisky, lo llenó hasta la mitad, tomó un trago largo y se tumbó en la cama.
Pensó en que Gárate, su entrenador, llegaría mañana justo antes del combate, pensó en sus palabras antes de despedirse, ‘no hagas ninguna tontería, ve directo al hotel y no te despistes’.
Gárate estaría orgulloso de él, había llegado a Toledo a las dos de la madrugada y en lugar de distraerse en cualquier club nocturno, había ido directo a este hotel de carretera. Esta noche a descansar y mañana la pelea con el manchego. Pero ahora necesitaba relajarse, tomar una copa y ver la tele mientras llegaba el sueño. 


IV
Verónica lleva dos días y tres botellas en la habitación 313, el primero se atrevió a cruzar la carretera e internarse en un bosquecillo en el que era fácil imaginar que entre la niebla se escondían duendes, hadas y animales fabulosos. En medio del paseo estalló una tormenta y cuando consiguió volver al hotel, empapada, llovía como suele llover en las películas momentos antes de que vaya a ocurrir algo irremediable.


V
La última vez que estuvo en Toledo, Santiago Sánchez tuvo que buscar un dentista, lo recuerda como si fuera ayer, y sonríe. Santiago sabe que cuando le vienen a la cabeza combates de hace más de cuatro o cinco años es que el whisky está haciendo efecto, si además los perdió y los recuerda con nostalgia es que ya está en ese punto óptimo de la bebida en el que la vida comienza a ser amable.
Aquel de Toledo fue su último combate en el peso ligero, poco después subió dos categorías y empezó a combatir en el Wélter. Fue su mejor época, unos años en los que ganó mucho dinero y su vida parecía que iba hacia adelante.
Luego todo se fue torciendo. 


VI
Vero fuma negro y siempre huele a tabaco, su cara es de rasgos suaves y redondeados y sus ojos almendrados como una pintura de Modigliani. Tiene la piel suave y el pelo castaño recogido con cuatro horquillas. Cuando se ríe se le nota una pequeña cicatriz en la comisura de la boca.


VII
Desde hace unas cuantas temporadas Santiago ha descubierto la magia del azar. Prueba suerte con todos los juegos que conoce, visita con frecuencia el casino y participa en apuestas deportivas. Santiago cree que la casualidad gobierna la vida y que la suya está detrás de alguna serie de números. A veces, cuando la suerte le resulta esquiva, Santiago trata de intervenir, pero entonces no se le puede llamar azar sino destino.


VIII
Vero quiere tomar las riendas de su destino. Su vida se ha ido enredando demasiado en los últimos tres años. Pensó que una pequeña aventura con un hombre más joven le daría un nuevo aire a su existencia y que la diferencia de edad y de posición le permitiría manejar la situación como quisiera. Pero las historias no siempre salen como uno las sueña, y la aventura hacía tiempo que se había convertido en una pesadilla, y su amante amenazaba con hacer saltar por los aires su pequeña vida burguesa.
Verónica supo de la existencia de Santiago Sánchez por casualidad, gracias a una noche en que acudió con su marido al Casino y, mientras su esposo lo perdía todo en la ruleta, ella escuchó a un barman hablar de él.


IX
Santiago bebe un whisky escocés de 45 grados y 12 años. La botella tiene una etiqueta con el dibujo de la cabeza de un animal del que no sabría decir su nombre.  La habitación del hotel en la que se aloja Santiago es la 314. El combate en Toledo ha llegado en el momento en que Verónica lo necesitaba.
Destino.


X
Vero no cree en el azar, si acaso en el whisky y en las habitaciones de los hoteles. Por un momento piensa en la cantidad de gente que ha debido pasar por ese mismo cuarto, imagina con envidia o quizás con melancolía sus pequeñas historias, en parejas felices de vacaciones, en encuentros furtivos de amantes, en el paraíso y el infierno separados por un simple número de habitación.
Verónica se ayuda de un trago para imaginar su propia historia, una hora después ya tiene la botella vacía y su vida reconstruida.


XI
Antes de terminar su botella a Santiago Sánchez le asalta una sensación extraña y no sabe cómo llamarla o cómo interpretarla porque nunca antes la había tenido. Santiago siente muy dentro de sí, en un órgano que, de existir, estaría situado entre el bazo y el estómago, la certeza de que su vida no es su vida.


XII
Vero entra en su habitación, se quita el salto de cama y pasa al cuarto de baño, manipula los grifos de la ducha y deja que salga el agua un buen rato mientras se mira, desnuda, en el espejo del baño. Sujeta su cigarrillo con los dedos índice y corazón de la mano izquierda y ve frente a ella a una mujer más mayor de lo que creía, pero también ve a una mujer nueva. Trata de no fijarse en los moratones del hombro, del pecho, de la barriga. Después, la niebla se instala en la habitación y el vapor de la bañera va invadiendo el espacio hasta que su imagen desaparece del espejo.


XIII
Santiago escucha el ruido del agua cayendo en la habitación de al lado. Recuerda que tendría que llevar dormido desde hace dos o tres horas y que mañana tendrá que mentir a Gárate, después mira inconscientemente hacia su botella de whisky vacía, el animal de la etiqueta le mira con ojos burlones, se ríe de su poca fuerza de voluntad  y Santiago estrella la botella contra la pared del fondo. 


XIV
Vero sale de la ducha y se envuelve en una toalla blanca. Ha oído el golpe de la habitación 314 y se da prisa en secarse el pelo y vestirse. Sabe que tiene una cita en cuanto amanezca y ya no queda demasiado.


XV
Santiago se queda dormido y a la hora de la cita tiene puesta aún la misma ropa con la que llegó al hotel, y un sabor amargo en la boca que no sabe si es cosa suya o consecuencia de la botella de whisky. Se lava la cara y se cambia de camisa, se peina y baja a la cafetería.


XVI
Verónica espera sentada bajo varias fotografías en blanco y negro de hombres y mujeres que la miran desde otro tiempo con extrañeza y con cierto aire de reproche, como si realmente supieran quién es y por qué está allí.
Ha empezado a llover y la lluvia le provoca una sensación de irrealidad que le hace pensar en levantarse y marcharse de la cafetería. En ese momento un camarero se le acerca y le pregunta qué desea.
̶ Un café con leche, largo de café, por favor.


XVII
Santiago llega a la cafetería con aspecto de haber dormido en la calle, lleva una americana que le queda demasiado estrecha y los mismos pantalones con los que viajó y con los que se ha acostado. Se fija en Vero y la mujer le hace una señal moviendo la taza de café como si fuera a brindar con ella, Santiago se sienta enfrente de Verónica.


XVIII
Vero se lo imaginaba de otra manera, más joven quizás, con mejor aspecto, más moreno y con más pelo. Santiago ronda los cuarenta, tiene una ceja partida y los ojos hinchados, su pelo es claro y escaso. Todos menos Vero saben que en el mundo del boxeo se le conoce como ‘El Rubio’.


XIX
‘El Rubio’ pide un café solo y algo para comer, el camarero le deja la carta y le sugiere la bollería recién hecha. Hasta que el chico no se va, Santiago no se dirige a Vero.
̶ ¿Encontró bien el hotel?
̶ Sí claro, además he dormido aquí dos días.
̶ ¿Ah sí? Pensé que era usted de Toledo.
̶ Vivo en Madrid, pero no quería llegar tarde a la cita.
̶ Ya ve, al final el que ha llegado tarde he sido yo, lo siento, me quedé dormido a última hora.
̶ ¿Duerme mal?
̶ Los días que tengo combate no pego ojo.
̶ Ah sí, me dijo que era usted…
̶ Boxeador, lo era y lo sigo siendo hasta que pueda retirarme.
̶ ¿Cuándo piensa hacerlo?
̶ Puede que el de hoy sea mi último combate.
̶ Me refiero a mi encargo ¿cuándo estará listo?
̶ ¿Ha traído la foto?
Vero le acerca a Santiago una fotografía en 10 x 15 en la que se ve a un hombre joven y sonriente, lleva una cazadora de cuero y se adivina que está sentado sobre una moto.
̶ Es de hace dos o tres meses, tiene el mismo aspecto, la misma moto y la misma sonrisa.
̶ ¿Cómo quiere que sea el susto?
Vero se sonroja, mira a su alrededor y ve que el camarero se acerca con el café y dos bollos para Santiago, espera a que sirva la mesa y después continúa hablando.
̶ No lo sé, eso es cosa suya, lo único que quiero es que a ese hombre le quede muy claro que no debe volver a acercarse a mí ni a mi casa.
Santiago se da cuenta de que, a pesar de su aspecto frágil, Vero es una mujer capaz de hacer cualquier cosa, le gusta el mohín de sus labios cuando está tensa.
̶ Lo haré hoy mismo, después del combate.
̶ ¿Le dará tiempo?
̶ Me quedaré en este hotel hasta mañana, después de los combates no suelo dormir  así que tendré entretenimiento. Estaré en Madrid en menos de una hora, haré el trabajo y cuando todo termine vendré, recogeré mis cosas y a mi entrenador y volveré a mi casa.
A Verónica le impresiona la facilidad con la que un matón explica cómo va a hacer su trabajo, le sigue costando imaginarse a Santiago dándole un susto a su amante, pero se da cuenta de que su mirada es como la de un niño y de que no la va a engañar. Antes de que se lo pida, Vero le acerca un sobre con el membrete del hotel en el que ha metido cuatro mil euros. Santiago lo recoge, sonríe y lo guarda sin abrirlo. Después le da las gracias, no sabe qué decir y vuelve a hablar de lo único que le interesa.
̶ Si todo va bien esta noche disputaré mi último combate.
̶ ¿Tiene dinero para poder retirarse?
̶ Claro que no, pero espero que me recomiende a sus amigas.


XX
Vero retira la mirada, hace memoria, por si le queda algo que decir a Santiago, después apura su café, deja un billete de veinte y se levanta, mientras lo hace le recuerda al ‘Rubio’ que no se han visto nunca.
Santiago Sánchez se queda solo en la mesa y desayuna con apetito, mientras lo hace una camarera muy joven se acerca a él con el periódico del día en las manos.
̶ Disculpe señor.
Santiago alza la mirada de la taza de café y la posa en los ojos muy abiertos de la camarera.
̶ ¿Sí?
̶ ¿Es usted Santiago Sánchez?
Santiago siente por dentro algo parecido al orgullo, mira de arriba abajo a la chica y para su mirada en sus pechos tras la camisa blanca ajustada.
̶ Sí, yo soy ‘El Rubio’.
̶ ¿Le importaría firmarme esta foto del periódico?
Por un momento Santiago olvida la resaca, olvida el encargo de Verónica y hasta olvida que hoy disputará su último combate.
̶ Claro, ¿cómo te llamas, guapa?
̶ No es para mí, es para mi padre, le admira a usted desde hace muchos años, irá a verle pelear esta noche.


XXI
Y Santiago siente que la niebla ha pasado del paisaje a su cabeza.


Relato ganador del II Premio Pérez-Taybilí (Medina Cultura de Toledo)


domingo, 1 de diciembre de 2019

8 años de relatos


El Aula Social Dr.Pedro Zarco del Hospital Clínico San Carlos de Madrid,  que organiza todos los años el concurso anual de relato breve, acaba de sacar a la luz un volumen titulado
8 años de relatos en el que se recopilan los cuentos premiados y también los finalistas de las ocho primeras ediciones (2011-2018)


Entre esas páginas está
Tratado de salud para un asesino, finalista en 2017, un relato enfermizo donde aparece un personaje inclasificable del que inexplicablemente guardo muy buen recuerdo.


Gracias a los amigos del Aula Pedro Zarco por el esfuerzo y la pasión y por hacer que esos relatos queden recogidos en este libro.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Ingrid


Roberto decidió combatir su soledad inscribiéndose en un club de solteros, por desgracia solo consiguió acudir a reuniones de solitarios y solitarias por vocación que arañaban -estas últimas- a cualquiera que intentara un acercamiento amistoso.


La huida de ese club fue muy fácil, Roberto solo tuvo que dejarse caer para acabar en la siguiente asociación que, bajo el sugestivo nombre de "Líos de parejas", se abría al final de la misma calle y tras una puerta de doble hoja. Le atendió una señorita muy amable que le ayudó a rellenar los impresos de inscripción y que no se sintió violenta cuando, al llegar al apartado de los datos de su pareja, Roberto no tenía nada que decir.


Con más amabilidad todavía, la señorita de recepción le indicó que aquel club era exclusivamente para parejas y que no podía apuntarse nadie sin ella, una vez allí dentro, eso sí, cada cual podía hacer lo que deseara con quien quisiera, acompañado o no por su pareja, siempre que el otro aceptara.


A Roberto le apetecía mucho descubrir los laberintos de pasiones que se adivinaban tras la puerta doble de aquel club así que no dudó en inventarse una pareja que, lamentablemente, no le podría acompañar en sus visitas.
Tomando como referencia a la señorita que le atendía, se inventó una mujer de largos cabellos rubios recogidos en la nuca, de ojos azules y chispeantes y pómulos sonrosados. Roberto hizo levantar a aquella mujer de su silla para seguir describiendo a la suya, sus casi ciento ochenta centímetros de altura, sus piernas infinitas cubiertas por medias negras y sus pechos grandes y firmes como frutos verdes de algún país desconocido.


Cuando tuvo que rellenar el espacio dedicado a sus gustos y aficiones, la chica le indicó que le gustaba dormir con la luz encendida y, en verano, con la ventana abierta, que le encantaba el chocolate negro y las sábanas blancas, los viajes a ninguna parte y desnudarse bajo la luna llena. Una vez que acabó de describirla, Roberto se sintió como si la conociera de toda la vida y un poco miserable por encontrase en aquel club dispuesto a liar su relación en una madeja de la que seguro no saldría indemne. No le gustó nada pensar que su mujer, a la que había puesto un nombre nórdico, acabara relacionándose con hombres solitarios apuntados a aquel club para conocer a chicas como ella.


Cuando volvieron a casa Roberto le sugirió a Ingrid que, quizás, debería cambiar de trabajo.


Publicado en Relatos para Sallent (XIII Concurso de relatos cortos para leer en tres minutos Luis del Val)

sábado, 29 de junio de 2019

El amor por la ventana

Ya hubo premios y premiados durante la fiesta de Madrid Sky del caluroso jueves 27.


Los copio a continuación:El segundo finalista, y tercer premio, es el cuento Escena sobre la persistencia de las luces, de Jesús Tíscar Jandra.


El primer finalista, y segundo premio, es el cuento Cerrado por gestión, de Domingo Jiménez Lacaci.



El ganador del concurso es el relato El amor por la ventana, de Miguelángel Flores


Justo y emocionado vencedor Miguelángel Flores con un cuento lleno de fuerza y de verdad. Ojalá en mi vida todos mis votos tuvieran tan buen resultado.Estupendo también el segundo premio para Domingo Jiménez Lacaci con un relato salido del azar de tres palabras que no tenían nada en común. Genial.Enhorabuena también para Jesús Tiscar, que cierra la terna, y al resto de finalistas.


Lo dicho, un placer y hasta la próxima.


martes, 18 de junio de 2019

Madrid Sky

No podía imaginar cómo había llegado hasta allí

Los amigos de la asociación Primaduroverales, grupo de escritores, han confiado en mí para ser miembro del jurado del VII Certamen Madrid Sky de relato corto.270 relatos han participado en esta edición y los votos del jurado han dado como finalistas los siguientes trabajos: Al borde, de Juan Pablo Goñi Capurro.Amanda, De vez en cuando, de Rodrigo Martín Antoranz. Cerrado por gestión, de Domingo Jiménez Lacaci. Con un solo hielo, de Alberto Ramos Díaz. El amor por la ventana, de Miguelángel Flores. Escena sobre la persistencia de las luces, de Jesús Tíscar Jandra. Geometria en masa, de José Manuel Dorrego Sáenz. Juventud, de Mayte Blasco.


El día 27 de junio, a las 19,00 en Madrid (Salón de Actos de la Fundación Abogados de Atocha, en la calle Sebastián Herrera 14) tendrá lugar el acto en el que se leerán los relatos y se entregarán los premios a los tres ganadores. Las entregas de premios del Madrid Sky siempre son una fiesta en la que todos los finalistas son los protagonistas de una tarde divertida con la literatura como excusa.


Es una obviedad repetida mil veces eso de que todos los relatos son maravillosos y que ha sido muy difícil elegir a los ganadores. Lo que puedo decir, desde dentro del jurado, es que ha sido estupendo poder acercarme a todos esos relatos, leerlos, valorarlos, defender a los que he creído que más lo merecían y ayudar a formar esta selección que, os aseguro, es excelente.
El jueves 27 nos vemos en Madrid.






viernes, 10 de mayo de 2019

Antología Premio Pérez-Taybilí de relato


El 4 de mayo, coincidiendo con la entrega de premios del III Certamen de relatos Pérez-Taybilí, organizado por Medina Cultura, se presentó en Toledo la Antología con los ganadores de las tres primeras ediciones entre las que se encuentra este Último combate de Santiago Sánchez que, por suerte, sigue teniendo pendiente esa última pelea ahora también entre las páginas de papel de una edición fabulosa a cargo de la editorial Huerga y Fierro.

Es estupendo que el grupo de personas que está detrás de una empresa como Medina Mudéjar invierta tiempo y dinero, pasión y esfuerzo en el (nada rentable) mundo de la literatura. Muchas gracias.




jueves, 9 de mayo de 2019

Entrega de premios en Toledo

Ceremonia de entrega de premios III Certamen Pérez Taybilí 


Vídeo resumen de la ceremonia de entrega de premios del III Certamen Pérez-Taybilí de relato literario, organizado por Medina Cultura, proyecto cultural de Medina Mudéjar, y celebrado en la Sala del Patio del Ayuntamiento de Toledo el 28 de abril de 2019.